MÉXICO.- 23 febrero 2014.- Joaquín “El Chapo” Guzmán fue ubicado gracias a un teléfono satelital que usó el lunes pasado para llamar a un subordinado y pedirle ayuda para escapar de Culiacán, donde se escondía en un túnel.

Con base en información de altos funcionarios del Gobierno federal, el golpe policial más importante en más de una década tuvo su origen en la captura de Daniel Fernández Domínguez “El Pelacas”, detenido el pasado 12 de febrero en Puebla por la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la PGR y la Marina.

El narcotraficante regiomontano, quien recientemente había hablado con Guzmán y con Ismael “El Mayo” Zambada, tenía 20 teléfonos celulares al momento de su detención.

Varios de ellos tenían en sus registros de llamadas diversos números con la clave lada de Sinaloa.

En cuestión de horas, los Servicios Técnicos de la AIC y la Inteligencia Naval tuvieron conocimiento que algunos de esos números correspondían a Joel Enrique Sandoval Romero, “El 19″, sus hermanos Apolonio “El 30″ y Cristo Omar “El Cristo”, Jesús Andrés Corrales Aztorga “El Bimbo” y Mario Miguel Pérez Urrea “El Pitaya”.

Todos ellos pertenecían al cordón de seguridad personal de Zambada, comandado por “El 19″.

Con esta información, al día siguiente la AIC y la Marina irrumpieron en el municipio de Reforma, Sinaloa, donde capturaron a Joel Sandoval y sus presuntos cómplices.

Las corporaciones del Gobierno federal no llegaron ese día de improviso a Sinaloa.

Tenían ya una serie de referencias por un mapa de vínculos elaborado con datos de teléfonos, inmuebles, placas de vehículos, restaurantes y fotografías que los hijos de los narcotraficantes habían subido a redes sociales.

Dos factores fueron determinantes para llegar a “El Chapo”: el primero fue que uno de los integrantes de la célula de “El 19″ llevaba en uno de sus celulares el número de un teléfono que, les aseguró, pertenecía a “El Chapo”, jefe del Cártel de Sinaloa.

El otro dato crucial fue que un informante avisó a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) desde el pasado fin de semana que “El Chapo” y su compadre “El Mayo” Zambada sostendrían una reunión en Culiacán, aunque no se precisó día y lugar.

Algunos registros de conversaciones por señal de radio UHF en Culiacán, referían con claves este encuentro, sin precisar el momento en que iba a ocurrir.

Uno de los obstáculos que debieron zanjar la PGR y la Armada es que el aparato que usaba Guzmán era un teléfono satelital.

Funcionarios federales dijeron que fue aquí donde la DEA ofreció el apoyo tecnológico, con geolocalizadores de última generación.

El lunes pasado, el mismo día de la captura de “El 19″, la PGR, la Armada y la DEA rastrearon el aparato.

A partir de entonces los estadounidenses acompañaron en todo momento a los mexicanos en la operación. Existía la probabilidad de que el capo simplemente se deshiciera de su aparato satelital.

Al principio no lo ubicaron, estaba apagado. Pero al paso de las horas, el mismo lunes, el celular fue encendido y salió una llamada. Era Guzmán pidiendo ayuda para escapar de Culiacán, donde dijo que estaba escondido en un túnel.

La voz fue cotejada y resultó positiva. A partir de ese momento la Marina prácticamente cercó la capital sinaloense.

El aparato telefónico de “El Chapo” fue ubicado en un domicilio de la Colonia Libertad, a donde llegaron agentes de la AIC y marinos y encontraron túneles ocultos debajo de tinas de baño, comunicados con el sistema de desagüe. Pero el capo se había escabullido.

Sus perseguidores detectaron que el teléfono lo prendía y apagaba en varias ocasiones durante el mismo día. Sólo lo usaba para hacer llamadas.

El mismo lunes la señal del aparato fue localizada en Mazatlán.

El Gobierno federal esperó unos días para estudiar los movimientos del teléfono y tener la certeza de su ubicación. Pero también se dedicaron a estudiar sus círculos de seguridad, entre los cuales presumen que se encuentran agentes de la Policía municipal del puerto.

“Si hubiéramos llegado directamente al objetivo desde el lunes o un día anterior, lo único que hubiésemos logrado es que huyera y se registrara una balacera. Para no fallar, tuvimos que estudiarlo sin que lo detectaran sus cercos de seguridad y policías a sueldo.

“Se le siguió durante toda la semana, se le acechó y definimos una acción con bisturí”, señaló una fuente involucrada con el operativo.

En el seguimiento, la AIC y la Armada observaron que “El Chapo” manejaba una Cherokee color arena con un blindaje nivel 7, como el de los vehículos de la Embajada de Estados Unidos en México. Era discreto, no era seguido por vehículos con escoltas.

También detectaron que el último eslabón de sus cordones de seguridad era Carlos Manuel Hoo Ramírez, su guardespaldas que lo acompañaba día y noche.

La madrugada de ayer, las Fuerzas Especiales de la Armada finalmente ingresaron al edificio de condominios Miramar, en la Avenida del Mar 608, en Colonia Tellería. Al entrar, capturaron a Hoo, quien los condujo al cuarto piso.

A las 6:40 horas los marinos ingresaron al departamento 401 y sometieron a Guzmán Loera.

“Ayer ‘El Chapo’ todo el tiempo estuvo desencajado, no podía creer que hubiéramos llegado hasta él”, dijo un funcionario.

La acción

A las 3:45 de este sábado empezó la sigilosa movilización. En 10 camionetas oficiales tipo pick up, 65 efectivos de la Marina se dirigieron al norte del malecón de Mazatlán. Llegaron a los condominios Miramar, en el 608 de la Avenida de Mar. Un edificio de 27 departamentos confortables, pero nada ostentosos, cada uno con dos habitaciones, sala, comedor, cuarto de lavado y secado, balcones con vista al mar, usualmente rentados en 13 mil pesos o mil dólares mensuales. El lugar no cuenta con vigilancia especial, más allá de un guarda de seguridad privada. De hecho, la alberca elevada hasta la altura de un piso da directamente al Malecón y es posible verla desde la calle con todo y camastros.

Los servicios de inteligencia del Estado mexicano, en conjunto con los de Estados Unidos (en particular de la DEA), detectaron que el objetivo pernoctaba ahí desde dos días antes. Que estaba en el cuarto piso, en el apartamento 401.

Los marinos ingresaron al lugar. Un vigilante del narco más buscado por México y Estados Unidos fue sometido en la planta baja. Dormitaba. Más tarde se supo que se llama Carlos Manuel Hoo Ramírez.

Los marinos, tensos, subieron silenciosamente por el elevador y las escaleras. Abrieron la puerta de madera con fuerza, pero sin estruendo. La cerradura quedó rota. Se desplazaron hasta las habitaciones. En una estaba tumbado en la cama un hombre de bigote con una camiseta roja tipo Polo.

Reaccionó tarde. Forcejeó. Intentó tomar uno de sus objetos más preciados que reposaba en una pared, pero no fue posible. El señor del cuerno de chivo junto a la cama no lo alcanzó a tomar. Tiró manotazos, patadas y se llevó cuatro golpes: en el pómulo izquierdo, en el derecho, debajo de la ceja derecha y en la frente del mismo lado. La playera quedó rota en los jaloneos. Tenía los ojos inyectados de adrenalina. El rostro con expresión anonadada. Estaba derrotado.

A las 6:40 Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, El Chapo, fue detenido por marinos. Lo bajaron rápidamente a la planta baja, entraron al estacionamiento, le tomaron fotos junto a un coche deportivo blanco, lo introdujeron en una Cheyenne doble cabina (con matrícula 410059 de la Marina) y lo subieron a un helicóptero. Luego lo cambiaron al avión que lo trasladó a la Ciudad de México.

En el lugar quedó tirada la ropa del hombre: unos jeans Levi’s y unos zapatos rojos, además de comida chatarra, huevos, una olla con frijoles y botellas de agua. También algunos medicamentos para males gastrointestinales, tristes posesiones para quien algún día fue considerado uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. La otra habitación estaba llena de ropa y artículos femeninos.

El enemigo público número uno de Chicago, de la Chicago Crime Commission, cayó 13 años después de su fuga de Puente Grande, Jalisco. Horas después fue presentado ante los medios de comunicación. Llevaba pantalón negro y camisa blanca. Se le habían desvanecido los magullones mañaneros.

Decenas de lugareños se tomaron fotos frente al edificio Miramar, el sitio donde fue detenido el hombre que valía 5 millones de dólares para el gobierno de Estados Unidos y 30 millones de pesos para el mexicano. El Chapo Guzmán, el hombre del cuerno de chivo junto a la cama, el arma que no pudo alcanzar cuando los marinos lo sometieron.
El 12 y 13 de febrero fueron detenidos cinco operadores de Ismael El Mayo Zambada, tres de ellos en la sindicatura de Costa Rica y dos más en Quilá, en el sur de Culiacán. En tanto, el jueves pasado fue detenido Jesús González Peña, El 20, jefe de seguridad personal de este capo.
Tras la captura de El Chapo Guzmán, Mazatlán se mantuvo en calma. Contrario a lo esperado, no hubo operativos vistosos ni patrullajes especiales. Tampoco se tiene conocimiento de que se haya aplicado algún blindaje de seguridad en el puerto.
Sin embargo, el aeropuerto de Mazatlán perdió por algunas horas su habitual calma, debido a que el operativo de traslado del capo incluyó bloqueo de carreteras y suspensión temporal de vuelos.
Los vecinos de los condominios Miramar nunca supieron quién rentaba la habitación; sólo veían entrar y salir personas con sigilo.