¡Hola amigos!... ¡Pues nada!
De seguro, a los perredistas se les cayó el ánimo al suelo al ver el resultado de las elecciones en el Estado de Guerrero. A los guerrerenses se les acabó el furor por esa “izquierda” representada por el PRD y vuelven al redil del PRI.
Y no es tanto porque el PRI sea un partido “maravilloso”, dice el periodista Carlos Marín, director de Milenio, “que hubiera realizado una “magnífica campaña” y ganara la codiciada “voluntad ciudadana” en una “competencia diáfana”, sino que perdió en el mismo triste sentido en que Rockdrigo cantó la pérdida de una novia en la estación del Metro Balderas porque “una ola de gente se la llevó”, y no puede culpar a nadie más que a sí mismo, como institución política, de los costos electorales de su descuido.”
Dice Marín: “más allá del desastre de la administración de Félix Salgado Macedonio en Acapulco y del absurdo apoyo de Andrés Manuel López Obrador al candidato ¡de Convergencia! (en vez de respaldar a la de su partido), el infarto masivo del PRD en Guerrero es consecuencia del desgreñadero en que los principales líderes están trenzados.
“El PRI no ganó: unido, con “espíritu de cuerpo”, aprovechó muy bien la desesperanzadora circunstancia perrediana.”
El PRI entonces, no puede cantar victoria; no está recobrando nada, está aprovechando lo que ese perredismo tonto y también corrupto, le dejó a Guerrero.
Para el PRD ésta es una lección que aprender, porque en 2009 habrá elecciones en varias entidades y si, ni en uno de sus bastiones ganó, no le espera nada bueno en los otros estados, a menos que comience a hacer po – lí – ti- ca, no grilla barata.